jueves, 3 de abril de 2008

Contra la corriente vuela vuela mariposa...

Siempre he sido como uno de esos castillos medievales, que tenían un foso alrededor de sus muros para evitar que nadie entrara sin ser visto, para abrirle las puertas sólo a quien creyeran conveniente, y aún dentro, los elegidos se sentían igual que en una cárcel, siempre invitados, nunca en su casa. Quizá muchas personas no hayan soportado mis muros y en un intento de huída hayan caído en el foso, ahogándose para siempre en el pasado, y muchas otras hayan intentado en balde saltar el foso y tirar el enorme y fuerte muro que nos separaba. Pero hay quienes han sabido decorar una pequeña habitación en mi castillo, aceptando el trato hostil, la falta de información y de cariño, cambiando poco a poco las cosas desde dentro. Con la excusa de “soy así y así tienes que aceptarme” he hecho alejarse de mis puertas a muchos seres queridos, sabiendo que mientras se iban las lágrimas y la incomprensión llenaban todos sus pensamientos, y también he hecho desesperar hasta tambalearse a los que me han aceptado pero no han podido entenderme.

Nunca ha sido fácil, ni difícil, ponerse en mi lugar, porque nunca he dejado tal opción a nadie. Se que soy intratable, que apenas he hecho nada por cambiar, y que a veces es mejor pedir ayuda y contar con un apoyo que encerrarse tras una puerta a llorar en silencio para salir con una sonrisa dibujada y unos ojos tristes de dolor. Pero a pesar de todo, a pesar de saberlo, a pesar de reconocerme a mi misma mis miles de fallos, a pesar de saber que hecho, hago y haré daño a quienes me quieren con esta actitud, nunca he sabido cómo, cuándo o por dónde empezar a cambiar.
¿A qué viene todo esto? A lo que cualquier persona lógica y razonable entenderá como una tontería: todo viene a que hecho de menos a mis padres. A que días como hoy, que no están, que llevo desde el viernes sin verles y se que están a miles de kilómetros, pienso en todos los abrazos que he querido y no he dado, en todos los besos que se han quedado en el borde de mis labios, y en todos los “te quiero” que se han resbalado de vuelta a donde estaban por no saber decirlos. Les echo de menos y si no lo escribo puede que nunca lo sepan, o que si lo sepan pero nunca tengan la certeza de que lo sentía de verdad, porque probablemente esas palabras tampoco salgan y se queden recluidas en un “ahora dilo ahora... no, mejor no lo digas”. Mi autojustificación siempre ha sido un “no te preocupes, lo sabe”, y sin embargo no creo que baste con saberlo. Creo que no tengo ningún recuerdo en el que no haya sido así, y es muy probable, es más, estoy segura, de que he fallado más de una vez a todos los que me rodean, en sus peores y mis peores momentos, cuando ellos han necesitado un abrazo mío que no han recibido, o cuando yo he necesitado uno suyo que no me he dejado dar.
Mi forma de ser me ha costado amigos, colegas, compañeros de trabajo, la única persona a la que he querido y el tener siempre la duda de saber si los que se han ido para no poder volver se fueron sabiendo lo que sentía por ellos. Probablemente sea el reto personal más difícil de cumplir, en el que más veces estaré a punto de tirar la toalla y el que más lágrimas y contradicción me va a causar, pero lo voy a cambiar. Voy a dejar de escribir las cosas para empezar a decirlas, a demostrarlas. No quiero despertarme un día dentro de unos años y volver a tener la duda de saber si mis padres, aún a miles de kilómetros de casa, saben que aunque me alegro por ellos, me encantaría poder tenerles a cada uno en un sofá, y procurando no poner solo la cara cuando se acerquen a darme un beso de buenas noches.

1 comentario:

Jorge Barraza Fernández dijo...

La próxima vez que vuelvas a escribir sobre mí pide permiso, ¿vale?

:) Es broma. A mí me pasa algo parecido, pero creo que es demasiado dificil cambiar a una persona. Más si se trata de un autocambio... Sin embargo tengo la certeza de que los que te conocen, conocen también los sentimientos de detrás de la pared.

Sí, me he permitido el lujo de meterme en tus cosas más profundas, pero me has recordado tanto a mi "burbuja"...