“Mi deseo es que Esperanza Aguirre no sea presidenta del PP”. Total, que Gallardón no nos cuenta nada nuevo, si eso ya lo sabíamos, estírate y cuéntanos algo que no sepamos. En fin, que en Génova se desata la batalla por el liderazgo y cada uno toma posiciones. Aguirre sigue con sus sondeos para ver si tiene apoyo suficiente para presentarse, y Rajoy busca desesperadamente un hombro en el que apoyarse. Pero todo sin sorpresas, y todavía nos espera mucha tralla de aquí a junio. Y yo, que decidí tomarme un tiempo de desintoxicación política después de las elecciones, al final caigo y me voy a poner a informarme... Aaaay si ya lo dice el refranero, que sarna con gusto...
jueves, 10 de abril de 2008
Bufff....

No quiero ni levantarme mañana, que me tocará escuchar que la culpa, como del 99,9% de todo lo malo del Mundo y parte del Universo, la tiene Zapatero, cómo no... Se habla de crisis mundial, pero la culpa es del Gobierno de España, que ya no se conforman con romper España, no, ¡quieren romper el Mundo entero! EN FIN...
martes, 8 de abril de 2008
Solamente oír su nombre causa ruina...
Hoy es mi Día Personal Contra la Drogadicción, que viene a ser lo mismo que el 26 de junio pero a nivel especialmente personal...
lunes, 7 de abril de 2008
Cuéntame al oído el argumento del amanecer...
¿Qué se hace un lunes 7 de abril a primera hora de la mañana? Sonreír viendo el amanecer pensando en el cumpleaños que no se podrá celebrar. Y lejos de sentir pena, alegrar el corazón pensando que cada amanecer es un momento mágico que nos enseña que siempre se puede renacer de nuestras propias cenizas, y por mucha oscuridad que nos invada o muchas nubes que nos tapen debemos estar ahí para dar luz y calor a todos los que nos rodean. Y desde el atasco matutino de la m40 le he devuelto la sonrisa al sol como nieta más que orgullosa de quien nos dio más calor, más luz y más brillo que el propio astro rey.
domingo, 6 de abril de 2008
¿meme?
Bueno... contestando al blog de Sara (y sin saber muy bien qué es, igual que ella) aquí está mi MEME:
El dia que mas odio… buff, cualquier día de los que tengo muchas cosas que hacer pero al final no hago nada, es como haber tirado el tiempo a la basura
Libros y cine: ¿Libros? ¡Todos! Jejeje no puedo decir sólo uno, ni tengo un libro favorito ni ninguno me parece que sea un 100% genial. Podría quedarme con alguno de las Crónicas Vampíricas, con los que narran la vida de la emperatriz Nur Yahan (o la joven Mehrunnisa), La llave de Sarah, Las Mil y Una Noches, cualquier escrito de Bécquer, Larra o Espronceda, Don Juan Tenorio (muy fuerte que se me hasta los guiones jejeje), Hamlet, El Guardián Entre El Centeno, La otra orilla de la droga, Las amigas imperfectas... Los libros son mi perdición, podría estar aquí escribiendo hasta mañana.
Y cine... eso se me da peor. American History X, La Vida es Bella, Garage Olimpo, La Naranja Mecánica, cualquiera de dibujos... (¡me encantan los dibujos!) pero en esto del cine estoy muy muy pez
1. ¿Cuánto tiempo llevas como blogger? Con este... poquito, desde el 18 de diciembre de 2007. Con otros tantos que he ido abandonando con el tiempo, pues unos tres años.
2. ¿Cómo te diste cuenta de la existencia de los blogs? Jejeje por los espacios del msn, investigando investigando...
3. ¿Qué es lo que más te gusta de tu blog? ¿Del mio? Las visitas
4. ¿Eres lector anónimo de algún blog? Anónimo nunca, ni en un blog ni en ninguna parte
5. ¿Algún blog que te despierte especial simpatía? UHF... muchos, todos los que visito a diario
6. ¿Con qué 5 bloggers te irías de fiesta? Con cualquiera
7. Recomienda una herramienta de Internet ¿Herramienta de internet? Como no recomiende una página... yo es que soy más de letras, de lo del papel y el boli de toda la vida...
8. Recomienda un video de especial interés: No se... ¿la celebración de mi cumpleaños? Jejeje No se me ocurre nada, y mira que hay cientos de miles de vídeos que merecen la pena rondando por la red
9. Elije algunos bloggers para que contesten estas preguntas en sus blogs: Uys, esto que lo haga quien quiera :) que no tengo a tanta gente por aquí
viernes, 4 de abril de 2008
No me importó el qué dirán, me importan los de verdad...
Hace un par de días que le propuse a alguien que quiero mucho que se afiliara conmigo (porque, aunque parezca que me he olvidado porque mi vida es un caos sin tiempo material, tengo la intención de afiliarme de inmediato de una vez), porque se que sería un buen fichaje (casi casi como el de Pizarro, jejeje, bueno, no seré mala), porque vale, es trabajador y porque se que cree en ello. No me sorprendió mucho su respuesta de “Yo me afiliaría, pero no me arriesgo al qué dirán”. En ese momento me pueden pasar dos cosas por la cabeza. O bien que le falta por madurar mucho y sentirme indignada por anteponer a gente que no conoces a tus propios ideales. O bien replantearme si tanto nos importa lo que dicen de nosotros por mucho que finjamos que no es así.Este caso es más complicado de lo que parece porque hay otros temas de por medio que no se deberían mezclar nunca con política, y aunque estoy convencida de que más adelante firmará igual que yo, quizá si que sea cierto que ahora no es el momento. Pero, ¿de verdad nos afecta tanto el qué dirán? Ya no sólo por nuestras ideas, si no por nosotros mismos... ¿Quién no se ha sentido intimidado alguna vez por una mirada de desprecio? Supongo que esto cambia según va evolucionando uno mismo, pero llevo todo este tiempo pensando si alguna vez he hecho o dejado de hacer algo por la opinión del de al lado y creo, que aunque hayan sido nimiedades, a lo largo de mi vida (yo que he presumido de ser siempre yo y dar ejemplo a todo el mundo de indiferencia hacia el resto) me he dejado intimidar. Y ahora, se va a acabar...
jueves, 3 de abril de 2008
Contra la corriente vuela vuela mariposa...
Siempre he sido como uno de esos castillos medievales, que tenían un foso alrededor de sus muros para evitar que nadie entrara sin ser visto, para abrirle las puertas sólo a quien creyeran conveniente, y aún dentro, los elegidos se sentían igual que en una cárcel, siempre invitados, nunca en su casa. Quizá muchas personas no hayan soportado mis muros y en un intento de huída hayan caído en el foso, ahogándose para siempre en el pasado, y muchas otras hayan intentado en balde saltar el foso y tirar el enorme y fuerte muro que nos separaba. Pero hay quienes han sabido decorar una pequeña habitación en mi castillo, aceptando el trato hostil, la falta de información y de cariño, cambiando poco a poco las cosas desde dentro. Con la excusa de “soy así y así tienes que aceptarme” he hecho alejarse de mis puertas a muchos seres queridos, sabiendo que mientras se iban las lágrimas y la incomprensión llenaban todos sus pensamientos, y también he hecho desesperar hasta tambalearse a los que me han aceptado pero no han podido entenderme.
Nunca ha sido fácil, ni difícil, ponerse en mi lugar, porque nunca he dejado tal opción a nadie. Se que soy intratable, que apenas he hecho nada por cambiar, y que a veces es mejor pedir ayuda y contar con un apoyo que encerrarse tras una puerta a llorar en silencio para salir con una sonrisa dibujada y unos ojos tristes de dolor. Pero a pesar de todo, a pesar de saberlo, a pesar de reconocerme a mi misma mis miles de fallos, a pesar de saber que hecho, hago y haré daño a quienes me quieren con esta actitud, nunca he sabido cómo, cuándo o por dónde empezar a cambiar.
¿A qué viene todo esto? A lo que cualquier persona lógica y razonable entenderá como una tontería: todo viene a que hecho de menos a mis padres. A que días como hoy, que no están, que llevo desde el viernes sin verles y se que están a miles de kilómetros, pienso en todos los abrazos que he querido y no he dado, en todos los besos que se han quedado en el borde de mis labios, y en todos los “te quiero” que se han resbalado de vuelta a donde estaban por no saber decirlos. Les echo de menos y si no lo escribo puede que nunca lo sepan, o que si lo sepan pero nunca tengan la certeza de que lo sentía de verdad, porque probablemente esas palabras tampoco salgan y se queden recluidas en un “ahora dilo ahora... no, mejor no lo digas”. Mi autojustificación siempre ha sido un “no te preocupes, lo sabe”, y sin embargo no creo que baste con saberlo. Creo que no tengo ningún recuerdo en el que no haya sido así, y es muy probable, es más, estoy segura, de que he fallado más de una vez a todos los que me rodean, en sus peores y mis peores momentos, cuando ellos han necesitado un abrazo mío que no han recibido, o cuando yo he necesitado uno suyo que no me he dejado dar.
Mi forma de ser me ha costado amigos, colegas, compañeros de trabajo, la única persona a la que he querido y el tener siempre la duda de saber si los que se han ido para no poder volver se fueron sabiendo lo que sentía por ellos. Probablemente sea el reto personal más difícil de cumplir, en el que más veces estaré a punto de tirar la toalla y el que más lágrimas y contradicción me va a causar, pero lo voy a cambiar. Voy a dejar de escribir las cosas para empezar a decirlas, a demostrarlas. No quiero despertarme un día dentro de unos años y volver a tener la duda de saber si mis padres, aún a miles de kilómetros de casa, saben que aunque me alegro por ellos, me encantaría poder tenerles a cada uno en un sofá, y procurando no poner solo la cara cuando se acerquen a darme un beso de buenas noches.
Nunca ha sido fácil, ni difícil, ponerse en mi lugar, porque nunca he dejado tal opción a nadie. Se que soy intratable, que apenas he hecho nada por cambiar, y que a veces es mejor pedir ayuda y contar con un apoyo que encerrarse tras una puerta a llorar en silencio para salir con una sonrisa dibujada y unos ojos tristes de dolor. Pero a pesar de todo, a pesar de saberlo, a pesar de reconocerme a mi misma mis miles de fallos, a pesar de saber que hecho, hago y haré daño a quienes me quieren con esta actitud, nunca he sabido cómo, cuándo o por dónde empezar a cambiar.
¿A qué viene todo esto? A lo que cualquier persona lógica y razonable entenderá como una tontería: todo viene a que hecho de menos a mis padres. A que días como hoy, que no están, que llevo desde el viernes sin verles y se que están a miles de kilómetros, pienso en todos los abrazos que he querido y no he dado, en todos los besos que se han quedado en el borde de mis labios, y en todos los “te quiero” que se han resbalado de vuelta a donde estaban por no saber decirlos. Les echo de menos y si no lo escribo puede que nunca lo sepan, o que si lo sepan pero nunca tengan la certeza de que lo sentía de verdad, porque probablemente esas palabras tampoco salgan y se queden recluidas en un “ahora dilo ahora... no, mejor no lo digas”. Mi autojustificación siempre ha sido un “no te preocupes, lo sabe”, y sin embargo no creo que baste con saberlo. Creo que no tengo ningún recuerdo en el que no haya sido así, y es muy probable, es más, estoy segura, de que he fallado más de una vez a todos los que me rodean, en sus peores y mis peores momentos, cuando ellos han necesitado un abrazo mío que no han recibido, o cuando yo he necesitado uno suyo que no me he dejado dar.
Mi forma de ser me ha costado amigos, colegas, compañeros de trabajo, la única persona a la que he querido y el tener siempre la duda de saber si los que se han ido para no poder volver se fueron sabiendo lo que sentía por ellos. Probablemente sea el reto personal más difícil de cumplir, en el que más veces estaré a punto de tirar la toalla y el que más lágrimas y contradicción me va a causar, pero lo voy a cambiar. Voy a dejar de escribir las cosas para empezar a decirlas, a demostrarlas. No quiero despertarme un día dentro de unos años y volver a tener la duda de saber si mis padres, aún a miles de kilómetros de casa, saben que aunque me alegro por ellos, me encantaría poder tenerles a cada uno en un sofá, y procurando no poner solo la cara cuando se acerquen a darme un beso de buenas noches.
martes, 1 de abril de 2008
Mi primera gran visita al Hospital del Henares
A las 9 y media de la mañana tenía cita mi abuela para hacerse unas pruebas. Muy fácil había parecido todo, pero claro, como siempre, sólo lo parecía. Nada más llegar la primera en la frente, “esa prueba todavía no la hacen aquí, en todo caso tendrían que ir ustedes a La Princesa, pero no le hace falta”. ¿En qué quedamos y a quién hago caso? Le doy un voto de confianza a la doctora, que al fin y al cabo ella no tiene la culpa de que hayan inaugurado un hospital a medio hacer. Me empieza a explicar las diversas negligencias que han tenido con mi abuela, o que al menos a su parecer no ha sido tratada como debería porque han estado atentos a muchas nimiedades y lo que realmente le afectaba lo han dejado de lado. Probablemente, supongo y no me equivocaré, porque las pruebas y el tratamiento específico no son precisamente baratos para la CAM, y tratándose de una mujer de más de 80 años, pues para qué se van a gastar el dinero, si la sanidad de esta comunidad se basa en cuanto más ahorremos, menos gastemos y más pasemos de la gente, más clientes se irán a la sanidad privada y más dinero ganaremos los que estamos ahí metidos.
La doctora que nos ha atendido he de decir que ha hecho su trabajo (que últimamente en Madrid encontrar a quien lo haga sin más es bastante complicado). Se ha preocupado de informarse, de hacerle un reconocimiento a mi abuela aunque no tenía por qué, y de citarla a diferentes pruebas para tener un diagnóstico claro y preciso.
Mientras hacían radiografías a mi abuela me da por mirar qué tengo alrededor en la sala de espera y veo un expositor con revistas. Me acerco, y cómo no, son 36 páginas de adulación a la señora Aguirre y sus sirvientes. En la primera hoja ya tenemos la bienvenida del señor Güemes (faltaría más...), que si no estuviera en la revista Salud.Madrid, al leerlo habría pensado que se trataba de un guión del Club de la Comedia. Frases tales como: “La salud de los madrileños es la razón de ser de nuestro trabajo; todo el esfuerzo de la consejería de Salud se orienta no solo a que tengan a su disposición los mejores medios si no a que perciban la calidad de la sanidad de la Comunidad de Madrid cada vez que recurren a ésta.” o “El resto de abrir estos centros es un paso de gigante en el objetivo en el que venimos trabajando desde la Comunidad de Madrid que es el de mejorar la asistencia a los madrileños no solo con mayor rapidez en la respuesta sino también con mayor comodidad”, lo que más me pueden dar es risa. Me hubiera gustado a mi que me acompañara hoy el señor Güemes a ver si tenemos los mejores medios (para una prueba que me mandan me dicen que no la tienen) y la calidad de saber que a mi abuela (sin ir más lejos) la están mareando para quitársela de encima porque siendo una persona mayor no les sale rentable.
Un poquito más adelante en la revista, en la página 24, tenemos la foto del trío lalala (Aguirre, Lamela, Güemes) vendiendo la inauguración de la parada del metro del Hospital del Henares. ¿Y a esta gente le queda decencia para posar en las fotos después de todas las barbaries que han soltado por su boca y después de todos los documentos que han firmado para estropear la sanidad pública? Lo mejor de todo es el artículo, que te habla de los metros que tiene la parada del metro (vamos, que me quitaba el sueño saber cuánto mide el andén), de que es de color blanco, de los muchísimos millones que ha costado hacerlo y la cantidad de tuneladoras que han trabajado en las obras (incluidos sus nombres “rompearenas” y “mascatiza”), muy importante todo esto (sí, yo también alucino). Pero no explican que para llegar a esta parada hay que cambiar de vagón en estadio olímpico, ni que cuesta más dinero, ni que es un metro de segunda, ni nada de nada. Ni te explican que todos los alrededores del hospital siguen en obras, está todo lleno de vallas y el acceso aún es por una carreterita que no está indicada. No le explican a la gente que vive al lado que tiene que bordear medio San Fernando para entrar porque son todo obras, todo tierra, todo barro y todo excavadoras que aún no han terminado su trabajo porque tenían mucha prisa en inaugurar el hospital. Y ¿por qué no lo cuentan? Porque no les interesa, y más tontos somos nosotros que nos callamos, nos da igual, y encima mandamos besos a Esperancita por habernos puesto un hospital fantástico y maravilloso.
La doctora que nos ha atendido he de decir que ha hecho su trabajo (que últimamente en Madrid encontrar a quien lo haga sin más es bastante complicado). Se ha preocupado de informarse, de hacerle un reconocimiento a mi abuela aunque no tenía por qué, y de citarla a diferentes pruebas para tener un diagnóstico claro y preciso.
Mientras hacían radiografías a mi abuela me da por mirar qué tengo alrededor en la sala de espera y veo un expositor con revistas. Me acerco, y cómo no, son 36 páginas de adulación a la señora Aguirre y sus sirvientes. En la primera hoja ya tenemos la bienvenida del señor Güemes (faltaría más...), que si no estuviera en la revista Salud.Madrid, al leerlo habría pensado que se trataba de un guión del Club de la Comedia. Frases tales como: “La salud de los madrileños es la razón de ser de nuestro trabajo; todo el esfuerzo de la consejería de Salud se orienta no solo a que tengan a su disposición los mejores medios si no a que perciban la calidad de la sanidad de la Comunidad de Madrid cada vez que recurren a ésta.” o “El resto de abrir estos centros es un paso de gigante en el objetivo en el que venimos trabajando desde la Comunidad de Madrid que es el de mejorar la asistencia a los madrileños no solo con mayor rapidez en la respuesta sino también con mayor comodidad”, lo que más me pueden dar es risa. Me hubiera gustado a mi que me acompañara hoy el señor Güemes a ver si tenemos los mejores medios (para una prueba que me mandan me dicen que no la tienen) y la calidad de saber que a mi abuela (sin ir más lejos) la están mareando para quitársela de encima porque siendo una persona mayor no les sale rentable.
Un poquito más adelante en la revista, en la página 24, tenemos la foto del trío lalala (Aguirre, Lamela, Güemes) vendiendo la inauguración de la parada del metro del Hospital del Henares. ¿Y a esta gente le queda decencia para posar en las fotos después de todas las barbaries que han soltado por su boca y después de todos los documentos que han firmado para estropear la sanidad pública? Lo mejor de todo es el artículo, que te habla de los metros que tiene la parada del metro (vamos, que me quitaba el sueño saber cuánto mide el andén), de que es de color blanco, de los muchísimos millones que ha costado hacerlo y la cantidad de tuneladoras que han trabajado en las obras (incluidos sus nombres “rompearenas” y “mascatiza”), muy importante todo esto (sí, yo también alucino). Pero no explican que para llegar a esta parada hay que cambiar de vagón en estadio olímpico, ni que cuesta más dinero, ni que es un metro de segunda, ni nada de nada. Ni te explican que todos los alrededores del hospital siguen en obras, está todo lleno de vallas y el acceso aún es por una carreterita que no está indicada. No le explican a la gente que vive al lado que tiene que bordear medio San Fernando para entrar porque son todo obras, todo tierra, todo barro y todo excavadoras que aún no han terminado su trabajo porque tenían mucha prisa en inaugurar el hospital. Y ¿por qué no lo cuentan? Porque no les interesa, y más tontos somos nosotros que nos callamos, nos da igual, y encima mandamos besos a Esperancita por habernos puesto un hospital fantástico y maravilloso.
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